Núremberg fue posible porque durante años algunas voces insistieron en llamar crimen a lo que la gramática dominante llamaba política
¿Es posible que no podamos hacer nada? La pregunta lleva semanas instalada en nuestras cabezas y nuestras pantallas, aunque de forma imprecisa. Asistimos al asesinato sistemático de la cúpula de un Estado soberano, no como daño colateral sino como doctrina: eliminar físicamente la dirección política de un país para producir su colapso institucional. En Venezuela, el derrumbe inducido no precisó casi ni de intervención directa. Irán sugiere que la acción militar directa no tiene consecuencias. Cuba sería el siguiente peldaño, con ambas herramientas bien engrasadas. Finalmente, hemos escuchado a Kaja Kallas, la jefa de la diplomacia europea, resumir la posición del continente en cinco palabras: “Esta no es nuestra guerra”.