La única libertad que nos queda, como civiles que sufren bombardeos periódicos, es decidir hasta qué punto dejamos que el conflicto controle nuestra vida
En mi primer día de instituto, me dieron un carné de estudiante. Era un cartoncito rectangular de color azul claro con el logotipo del colegio encima de mi foto, mi nombre y mi número de identidad nacional. En el reverso del carné había una cita anónima (que más tarde descubrí que se atribuye erróneamente a Albert Camus), que decía: “No camines delante de mí, quizá no te siga. No camines detrás de mí, quizá no te guíe. Camina a mi lado, sé mi amigo, nada más”.