La llegada de 50.000 personas a Ceuta provenientes de Marruecos ante la pasividad de las autoridades de este país ha sido un asalto inaceptable a la soberanía española que merece una respuesta firme y unitaria. El balance humano es trágico: 67 muertos. La inmensa mayoría de los que en los días anteriores saltaron irregularmente la frontera ya se han marchado y esta celeridad en la resolución de la crisis es la buena noticia de unos hechos que han dejado al descubierto la vulnerabilidad de las fronteras nacionales ante las coacciones de un vecino y una alarmante división de Europa. Ha fallado la anticipación ante una afluencia descontrolada de inmigrantes que el Gobierno no vio venir y para la que no estaba preparado. Ha fallado también la UE, donde algunos gobiernos han aprovechado para lanzar reproches a un socio sometido a una tensión máxima, en vez de mostrar solidaridad ante lo que es un ataque al conjunto del mayor bloque democrático del mundo. La lista de errores es larga y obligará a una revisión detallada de las decisiones políticas y las estrategias diplomáticas, pero todo esto no puede ocultar la responsabilidad primordial de Marruecos. Porque no es aceptable el uso de la inmigración en una de las fronteras más desiguales del mundo para presionar u obtener beneficios políticos. No es así cómo se comporta con sus amigos un país que pretende ser considerado fiable y previsible.
Firmeza y unidad ante el desafío de Marruecos
Scritto il 02/08/2026
El inaceptable uso de la inmigración contra las fronteras soberanas en Ceuta requiere respuestas claras y todo el apoyo de la UE