Esta semana, el presidente de EE UU se dirigió a Irán desde el pórtico sur de la Casa Blanca. A su lado, un hombre disfrazado de conejo de Pascua. Parecía un montaje, pero no lo era. Llevo días pensando en por qué me costó saberlo y no es una pregunta menor. Mientras Trump aparecía flanqueado por un conejo gigante, escribía en Truth Social: “Una civilización entera morirá esta noche para no volver jamás”. Amenaza de exterminio y disfraz de conejito en el mismo scroll y protagonizados por el hombre con el dedo en el gatillo de la mayor potencia militar de la historia. ¿Cómo se juzga eso políticamente? ¿Qué escala moral sirve para medir una semana así? Porque Trump ha conseguido exactamente eso: saturar el espacio público con imágenes tan contradictorias, extremas y absurdas que la perplejidad es ya nuestro estado normal. El conejo de Pascua no es inocente. Además de un insulto, es parte del mismo mecanismo que hace que una amenaza de exterminio civilizatorio se reciba como hipérbole negociadora, como síntoma psiquiátrico, como cualquier cosa menos como lo que es.
Irán y el conejo de Pascua
Scritto il 12/04/2026
Trump ha conseguido saturar el espacio público con imágenes tan contradictorias, extremas y absurdas que la perplejidad es ya nuestro estado normal