Todos los imperios han adornado hipócritamente sus ímpetus depredadores con explicaciones benevolentes e incluso mesiánicas: desde la salvación de las almas en los imperios medievales hasta la empresa supuestamente civilizatoria y progresista que justificaba la colonización de pueblos presentados como salvajes. El rebrote imperial y colonizador que está protagonizando Donald Trump no tiene, en cambio, escrúpulos para confesar cínicamente sus interesados propósitos y su confianza en el uso de la fuerza militar como instrumento de su diplomacia y organizador de las relaciones internacionales. El imperialismo trumpista, feroz como todos, se adorna de la brutalidad de exhibir la violencia y el designio personal como las únicas leyes en sus proyectos expansivos y en sus intromisiones en soberanías ajenas. También su desprecio por la legalidad y las instituciones: las internacionales y las de su propio país.
Brutalidad imperialista
Scritto il 11/01/2026
La Unión Europea no puede seguir ignorando con medias palabras la amenaza que supone el expansionismo de Donald Trump