Las campañas son choques tecnológicos por captar la atención de unos electores cada vez más cansados y decepcionados, que reciben información por múltiples canales, y que votan más por creencias e identidades que por información o conveniencia. Antoni Gutiérrez-Rubí, asesor de comunicación y reconocido estratega que ha trabajado en cerca de 60 campañas políticas en 11 países, sostiene que en estas elecciones pesará más la psicología social que el marketing
Una campaña electoral es, fundamentalmente, un contexto. O varios, actuando simultáneamente y entrecruzados. La que comienza en España y acabará el próximo 29-N no es ajena a un escenario internacional complejo y, a priori, adverso para el actual presidente. Por supuesto que hay temas nacionales, pero hoy las campañas son globales y están interconectadas como nunca. Incluyendo injerencias, explícitas y subterráneas; con tecnologías y algoritmos omnipresentes; y una industria electoral también mercenaria. Vivimos corrientes políticas y sociales que trascienden fronteras. Y los ciclos electorales existen. Las elecciones pueden ser generales, pero ya no son solo nacionales.