La crisis de la enseñanza no es, en el fondo, una crisis escolar. Es una crisis de confianza política
Nunca habíamos esperado tanto de la escuela. Y, sin embargo, nunca habíamos desconfiado tanto de ella. En toda Europa, la educación ocupa un lugar central en el debate público. Discutimos sobre reformas, metodologías, pantallas, inteligencia artificial o resultados escolares. Cada nueva propuesta promete resolver los problemas de la enseñanza, pero termina generando nuevas incertidumbres. Como si cuanto más cambiara la escuela, más difícil nos resultara responder a una pregunta mucho más sencilla: ¿para qué educamos?