Los partidos tradicionales aguantan más que en otros países europeos cuyas ciudadanías están igual de hastiadas y son igual de críticas con la política
Se han cumplido 15 años del estallido del 15-M. Fue una explosión de indignación y hartazgo con la situación económica y política del país que tuvo resonancia mundial. Los jóvenes acamparon en las plazas de las principales ciudades españolas. La opinión pública se puso de su lado. Una mayoría abrumadora apoyaba la demanda de una democracia más sólida y profunda, que no estuviera sujeta a los vicios de los dos grandes partidos. La gente pensó que a través de una democracia mejor se podrían corregir las injusticias producidas por las políticas de ajuste que se llevaron a cabo tras la gran crisis de 2008.