Con un algoritmo que escupe millones de interiores impolutos y prohibitivas casas de famosos, se hace cada vez más difícil enseñar y aceptar los hogares imperfectos y reales. Los expertos analizan el fenómeno (y cómo afrontarlo)
Patricia Bustos no lo puede evitar. Cada vez que pisa la casa de alguno de sus amigos, acaba analizando la decoración. “Pero probablemente no de la manera en la que la gente lo imagina”, advierte. “Los interioristas somos un poco como los médicos, da igual que sea una cena o una comida familiar, siempre hay alguien que acaba preguntándote qué harías con su salón o si tirarías un tabique. Así que es difícil desconectar del todo”.