Afirman muchas jóvenes que prefieren no tener relaciones afectivo sexuales con hombres porque lejos de mejorar su vida la empobrecen y trastornan. Dicen que en las relaciones heterosexuales las agitan tensiones angustiosas e irresueltas entre traspasar las banderas rojas que les alertan de la educación patriarcal de su pareja, o intentar reeducarla. De decidir esto último el conflicto externo con el hombre se multiplica y se desplaza al interior de la joven, que se pregunta: ¿No estaré actuando como las mujeres tradicionales?, ¿no estaré perdonando sus intemperancias como mi madre hacía con mi padre? Una duda que las atormenta. Y no pueden permitírselo, no quieren permitírselo. “Los quiero ya educados”, afirman, reafirmándose. Pero se enamoran, desean, se vinculan, levantan banderas rojas, las cambian por la blanca de la paz, retornan al conflicto; muchas desisten. Interpretarlo solo como un triunfo más del individualismo, o como la retirada hacia un narcisismo que huye del conflicto, efecto del anhelo de no fricción que promueven las redes, apostando por relaciones funcionales de usar y tirar si el otro no se acomoda a nuestras expectativas, supondría no tomar en cuenta otros aspectos determinantes.
Nuestras jóvenes Lisístratas
Scritto il 19/03/2026
La renuncia de las mujeres heterosexuales a tener pareja es una consecuencia más del fracaso de las políticas de la educación en igualdad