Si alguien que se tiene a sí mismo como de izquierdas no siente auténtico y genuino pavor ante la, según parece, inminente llegada al poder de la extrema derecha, lo suyo es que experimente una profunda preocupación interior y que se haga algunas preguntas de calado como las siguientes: ¿estaré contribuyendo con mi escepticismo a blanquear el fascismo? ¿Me habré constituido, sin pretenderlo en absoluto, en cómplice de una de las más siniestras corrientes políticas del siglo XX? ¿Me serán de aplicación en el futuro las conocidas palabras de Martin Niemöller (ya saben: “Primero vinieron por los socialistas, y no dije nada, porque yo no era socialista / Luego vinieron por los sindicalistas…“, etcétera), de los que se hacen acreedores los tibios de todas las épocas? O, más grave aún: ¿mereceré de pleno derecho ser incurso en ese universo que algunos han dado en denominar la fachosfera?
El equívoco recurso a la extrema derecha
Scritto il 03/02/2026
La abusiva identificación entre ser conservador y el franquismo ha llevado a situar erróneamente al independentismo en el hemisferio progresista