Una tabla de Excel fue el problema. Ignacio Zaldívar, trabajador de Adif, la hizo para consumo propio. Nunca pensó que traspasaría las paredes de su despacho para llegar hasta el Tribunal Supremo. En ella apuntó “presidencia” junto al nombre de Jésica Rodríguez como una bandera roja para recordarle que esa chica era un caso “especial”. La huella laboral de la joven, la expareja de José Luis Ábalos a la que el exministro de Transportes colocó ―gracias a las gestiones de su fiel colaborador, Koldo García―, en hasta dos empresas públicas, ha sido uno de los rompecabezas que los magistrados han intentado descifrar en la segunda sesión del juicio por los presuntos amaños en la compra de mascarillas. No ha sido una tarea sencilla, porque el rastro era endiablado y porque el relato de los testigos tampoco lo ha puesto fácil.
La maraña de los enchufes de Ábalos descoloca al tribunal: “¿Pero usted dónde trabaja?”
Scritto il 08/04/2026
da Rocío Martínez Posada
Trabajadores de las empresas públicas donde Ábalos colocó a su novia y a una “amiga” destapan la falta de control

