En las imágenes de la segunda toma de posesión de Donald Trump, va a hacer justo un año, cuesta mucho distinguir a uno de los pocos invitados extranjeros. En la primera fila está su propia familia, alineada con la misma prominencia orgullosa que la familia de don Corleone en El Padrino; en la segunda fila, siguiendo una jerarquía visual parecida a la de un friso bizantino, se agrupan los oligarcas de las compañías tecnológicas, satisfechos y dóciles, pues el nuevo déspota va a desvivirse por asegurarles una primacía mundial que ningún gobierno extranjero se atreverá a resistir; hay que llegar a la tercera fila para encontrar a los miembros del gabinete, o consejo de ministros, que en un país tan presidencialista como Estados Unidos son poco más que comparsas, destinados a rendirle una pleitesía nunca suficiente, transmitida en directo por la televisión, sin que haya noticias que a ninguno de ellos se le caiga la cara de vergüenza, ni tenga límites siquiera de verosimilitud en una bajeza no inferior a la de un cortesano del líder supremo de Corea del Norte. Así es el mundo ahora. Muy al fondo, relegada a un espacio estrecho contra la pared, y más difícil de ver por su baja estatura, está la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, ávida de visibilidad en la corte de Trump pero casi invisible, como una azafata o camarera que intentara abrirse paso entre una compacta multitud de gente poderosa, dotada de esa facultad de los muy ricos para no ver a sus inferiores, aunque estén a un paso de ellos. La gran adalid de la patria italiana, la defensora de una soberanía nacional amenazada por inmigrantes de piel oscura y burócratas europeos de traje azul, está dispuesta a aceptar cualquier postergación con tal de aparecer en una foto en la que apenas se la ve, aunque se ponga de puntillas para lograr que al menos una parte de su cabeza rubia pueda verse entre los pectorales y los hombros de levantadores de pesas de magnates del petróleo o agentes del servicio secreto sobrealimentados de carne roja y anabolizantes.
Patriotas, gente de orden
Scritto il 10/01/2026
da Antonio Muñoz Molina
Yo creía de joven que los conservadores eran los adversarios contra los que me rebelaba; ahora son los sucesores de aquella gente los que quieren arrasarlo todo

