Nevenka Fernández, la mujer que denunció en 2001 por acoso al alcalde de Ponferrada, reflexiona sobre el apoyo que aún reciben de otras mujeres los denunciados por abusos o acoso en el ‘caso Epstein’ o el de la edil de Móstoles
Estos días he leído algunas de las nuevas revelaciones sobre el caso Epstein. He sentido enfado y repugnancia. Escuchar a las víctimas, mujeres y algún hombre —también hay pedófilos que abusan de niños— es un acto que requiere valor. Porque su dolor desgarrador, insistente y largo en el tiempo, te revuelve por dentro y te rompe.

