El gesto de David Uclés convierte al adversario en enemigo, disfraza de virtud la censura al otro, su simplificación o la ausencia de voluntad de diálogo
Es la escena más bella de El Ministerio del Tiempo. Julián, uno de los funcionarios, hace algo que tiene prohibido por contrato: advertir a Federico García Lorca de que no vuelva a Granada porque allí va a ser asesinado. Lorca no da crédito, así que viajan hasta los ochenta para ver a Camarón cantando La leyenda del tiempo. Federico se emociona, como cualquiera que vea la escena y no sea un necio. Y le dice al funcionario que si, después de tantos años, España le recuerda, al final no ganaron sus asesinos: ganó él.

