Lo que ha sucedido este verano en Ceuta, donde cerca de 80.000 personas cruzaron irregularmente a la ciudad autónoma, es un hecho extraordinario por el número de inmigrantes, porque más de un mes después miles de ellos siguen en una inaceptable situación de precariedad en las calles y playas ceutíes, y por el efecto para la tranquilidad y la convivencia en este territorio que Marruecos reivindica como suyo. Pero este episodio en nada resulta una anomalía en el contexto internacional actual. La Unión Europea se ha acostumbrado a sufrir con intensidad creciente el asedio de otros países y a ver su soberanía cuestionada. Mediante la coacción, la amenaza o directamente el ataque armado, estos países —algunos de ellos, supuestos aliados; otros, amigos; y otros, enemigos declarados— pretenden romper algo esencial en el orden internacional, como son las fronteras, y en última instancia quebrar el funcionamiento de nuestras democracias.
Fronteras y soberanía bajo asedio
Scritto il 06/09/2026
da EL PAÍS
En el norte, en el este y en el sur, injerencias y ataques híbridos buscan dividir a los países de la UE. La respuesta exige unidad y solidaridad

