El desahucio de Maricarmen Abascal debe movilizar de una vez a los poderes públicos para afrontar con ambición la crisis de la vivienda
La imagen de Maricarmen Abascal, de 87 años, acompañada por los antidisturbios mientras era desalojada en camilla de su casa en Madrid por una orden judicial, ha devuelto de golpe a la sociedad española a los momentos más duros de la crisis financiera de 2008, aquellos en los que se ejecutaron miles de desahucios de familias incapaces de pagar la hipoteca de su residencia habitual. Esa imagen ha catalizado el profundo malestar ante el problema de la vivienda, del que no escapan ni los mayores como Maricarmen ni los más jóvenes, ni tampoco una clase media cada vez más excluida de los beneficios de la economía que presume de ser la alumna aventajada de Europa.

