La mortalidad por calor crece un 35% por cada grado de aumento de la temperatura ambiental. Convivir con el clima sofocante requiere un cambio de mentalidad
El calor extremo enferma y mata. De muchas maneras. Lo más llamativo —aunque poco frecuente— son los golpes de calor, una emergencia médica que se caracteriza por una temperatura corporal superior a los 40ºC y que causa una alteración del estado mental con un riesgo elevado de fallo multiorgánico y muerte. Pero hay muchos más desequilibrios fisiológicos potencialmente graves vinculados a las altas temperaturas. El estrés térmico, que ocurre cuando la necesidad de disipar el calor supera la capacidad del organismo para hacerlo, puede provocar también más desajustes cardiovasculares, empeorar la calidad del sueño, volvernos más irritables o descompensar trastornos mentales.

