¿Quién cuida a las mujeres casadas cuando están enfermas?
He defendido a menudo que la infidelidad no es lo peor que se le puede hacer a una pareja. No es bonita, no está bien, no es esto ni mucho menos una apología de la infidelidad. Pero convertirla en el chivo expiatorio de los males conyugales lleva a una trampa mortal, la de concentrar la virtud de la pareja en la fidelidad. Es decir, alegar “mi marido es un buen hombre porque me es fiel”, de modo que mientras te es fiel puede ser en realidad una mierda de persona pero eh, es un buen hombre.

